Viajar no es sólo conocer paisajes.

Este es un post diferente… En general con Ariel no somos de interactuar demasiado con los locales, si bien nos gusta conocer las costumbres, su gastronomía; nos adaptamos fácilmente, pero salvo algún transportista con el que charlamos un poco si habla castellano, Ariel generalmente se interesa por la parte económica del país; yo, si consigo con quién hablar sobre el tema averiguo sobre la educación… pero muy esporádicamente…

En este último viaje tuvimos más contacto y «fuimos socorridos» literalmente por varios de ellos… 

Las estaciones de metro fueron escenario de varias escenas con nosotros en problemas y diferentes personas acudiendo en nuestra ayuda… 

En un momento habíamos cargado nuestras tarjetas Metrocard… Ariel y los chicos pasaron por los molinetes y cuando yo intenté hacerlo el lector no la reconocía. Lo intenté varias veces de todas las maneras posibles… Apareció una señora… intentó con mi tarjeta y tampoco respondió… yo en mi inglés, muy básico intentaba explicarle que la habíamos cargado… Ella tomó su propia tarjeta, pasó y desde adentro me abrió una puerta lateral… Ariel podría haberlo hecho, pero no sabíamos que existía… Una genia…

También nos pasó en varias ocasiones no estar seguros desde qué andén tomar un tren, ya que hay obviamente dos direcciones y no siempre estaba claro para nosotros dónde debíamos esperar… Una de esas veces, una señora nos trató de explicar en inglés… no logramos comprenderle… y la dejamos… luego le preguntamos a otra mujer… y la primera vino hasta donde estábamos para asegurarse que le entendiéramos. Lo mismo ocurrió con un muchacho, a quien consultamos y mientras nos estaba explicando… pasó su tren!!! Él amablemente lo perdió para terminar de explicarnos… 

En el hotel Stewart de Nueva York me dejé ropa de Ariel en un armario… lo descubrimos cuando ya estábamos en Orlando, cambiándonos desde el hotel de Disney hacia el de Universal… casi la damos por perdida (eran varias camisas y chombas), pero hice un intento y me comuniqué por mail. me respondió la gerente de mucamas. Ella sacó fotos de la ropa encontrada y me explicó cómo hacer para contratar una empresa de correo que llevara el paquete que ella armaría, hacia donde estábamos en ese momento… era una carrera contra el tiempo porque de Orlando nos iríamos a Miami en un par de días… ella hizo todo lo necesario para que nos llegara todo en las mejores condiciones antes de cambiar de ciudad. Realmente un agradecimiento total.

Son acciones chiquitas que para nosotros significaron muchísimo… 

Otras personas compartieron espontáneamente con nosotros las historias de sus vidas… 

Como el señor vietnamita que vino a armar una cama en nuestra habitación del hotel de Washington y en inglés nos contó que había llegado a EEUU muy chico para entrenarse como piloto de guerra, luego volvió a su país a luchar, y regresó definitivamente a América en 1968, ya para instalarse. Estaba muy orgulloso de haberlo hecho… 

O el chofer de Uber, que siendo Sirio había aprendido español en la escuela. Había viajado a EEUU y estaba muy conforme con Trump… porque a sus 83 años aún podía trabajar; nos contó que no podía jubilarse aún ya que necesitaba el dinero porque su esposa tenía Alzheimer y él había comprado una casita en la playa para que ella estuviese tranquila.. Era muy chistoso y pícaro… mezclaba español con inglés, pero se entendía perfectamente… 

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O Amelia (estoy en duda con su nombre, pero en consenso familiar estamos casi seguros que se llama así); una cast member de Universal que nos escuchó hablar en el restaurant Leaky Cauldron (algo así como «El caldero chorreante»), en la zona de Harry Potter. Enseguida se dio cuenta que éramos argentinos… y aún más, cordobeses. No era nuestra camarera, pero igual se vino a nuestra mesa a charlar… Era mendocina, se había recibido de maestra jardinera pero no le gustó ejercer; así que a los 23 años (actualmente tendría alrededor de 65) viajó a Nueva York y allí trabajó como decoradora de platos en el restaurant del hotel Sheraton de esa ciudad. Desde hacía unos años vivía en Orlando y trabajaba en Universal. Estaba muy intrigada por la palabra «empoderarse» que había leído que se usaba en Argentina… nos pidió que la siguiéramos en las redes, pero nunca nos dijo en cuál ni su apellido… 

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Por eso viajar… no es sólo conocer paisajes… es conocer gente diferente, con diferentes historias, conocer costumbres, comidas, música, vestimentas; maneras de hacer las cosas, de pensar distintas a las nuestras; ni mejor ni peor… diferentes… Viajar es abrir la mente… empatizar con otras personas, respetar sus ideas, intentar cosas nuevas, pedir ayuda y darla… 

Preparando este post encontré esta frase, supuestamente de autor anónimo: 

“La gente viaja para conocer al otro, su historia y costumbres, porque al descubrir lo diferente, aprende más sobre sí mismo”

Estoy totalmente de  acuerdo… los viajes nos enseñan mucho… de los demás, pero sobre todo sobre nosotros mismos… Yo aprendí mucho de mí y de mis hijos en este viaje familiar… de nosotros como familia…  Esperemos que haya muchos viajes más para seguir aprendiendo… 

Me gustaría leer sus comentarios… 

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